41ª Feria del Libro Málaga

A veces perdemos la esperanza. O casi siempre. “Porque la poesía no va a darte de comer” pero tampoco las personas. Sin embargo, éstas, nos mantienen vivos. También la literatura. O las palabras, sueltas, sin que te las esperes, sin saber por qué llegan pero sabiendo que llegan. Entonces alguien te habla de ellas. Y sabes que sí, que las palabras forman a las personas, que las personas somos palabras. Que somos el presente de la historia. Una historia que conocemos porque sabemos leer. Porque, en resumidas cuentas, leer nos ha hecho ser nosotros. Pero se nos olvida. Lo olvidamos y creemos que todos han olvidado la historia. Dejamos de creer que alguien sueña con viajar a París con la Maga. Y perdemos la esperanza. Creer también nos mantiene vivos. Soñar nos hace construir lo de mañana, como si en cada paso intentásemos cumplir un sueño y nos equivocásemos, dando pasos erróneos, cumpliendo otros que no sabemos. Porque, como dijo Barrie, “no sé si alguna vez habéis visto el mapa e la mente de una persona. Tiene líneas en zigzag como las oscilaciones de la temperatura en un gráfico cuando tenéis fiebre y que probablemente son los caminos de la isla, pues el País de Nunca Jamás es siempre una isla, más o menos, con asombrosas pinceladas de color aquí y allá, con arrecifes de coral y embarcaciones de aspecto veloz en alta mar, con salvajes y guaridas solitarias y gnomos que en su mayoría río, príncipes con seis hermanos mayores, una choza que se descompone rápidamente y una señora muy bajita y anciana con la nariz ganchuda. Si eso fuera todo sería un mapa sencillo, pero también está el primer día de escuela, la religión, los padres, el estanque redondo, la costura, asesinatos, ejecuciones, verbos que rigen dativo, el día de comer pastel de chocolate, ponerse tirantes, dime la tabla del nueve, tres peniques por arrancarse un diente uno mismo y muchas cosas más que son parte de la isla o, si no, constituyen otro mapa que se transparenta a través del primero y todo ello es bastante confuso, sobre todo porque nada se está quieto” Como es lógico, los Países del Nunca jamás son muy distintos. Y es ese país la mejor comparación con un libro. Porque no dejamos de seis, siete años con el barco de vapor, de tener once, doce, trece años si (re)leemos libros de aventuras. Pero eso, a veces, se nos olvida. Y mueren las hadas (decía Peter) y Alicia se esconde en el espejo, castigada sin comer galletas, sin tiempo, sin cartas en laberintos. Otras veces, sin embargo, alguien llega y nos lo recuerda: nos recuerda que la literatura de siempre está viva, que ahí fuera sigue habiendo libros, que Borges está aquí, también Cortázar, Zweig, Sabato, Kafka, Tolstoi, Chesterton y el mismo Barrie. Todos y muchos más viven contigo pero no los ves. Hoy, se hacen visibles. Hoy vamos a equivocarnos diciendo que empieza una semana que debería ser cada semana. Bienvenidos a la semana del libro en Málaga, a la 41ª Feria del Libro de Málaga.

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