En París (no importa cuándo)

Hay películas que entretienen; películas que enseñan y, otras, que no sirven para nada. Pero hay más: hay películas que te muestran la realidad, que te hacen soñar. Una realidad inventada que Woody Allen ha sabido conseguir esta vez (¿otra vez?) en Medianoche en París. Estamos cansados de tópicos, de Tours Eiffel de metal y de llaveros y monaslisas y Louvres en miniatura, de cristal de bohème. Sí. Un día imaginábamos París con Mickey y los personajes Disney. Crecíamos y lo imaginábamos con Phileas Fogg. Para acabar imaginando el París de la Maga. Imaginar a la Maga, la rue Cherche-Midi y Oliveira que puede aparecer. A este París, a este último París se refiere Allen. Con la capacidad de hacernos ver que todas las ciudades son más bonitas con lluvia. Y es cierto que la lluvia de París solo moja la superficie, solo refresca. La medida justa de romanticismo para no caer en un tópico pero para serlo. París es magia. París no es Torre Eiffel, Campos Elíseos, Louvre y Arco del Triunfo. París es una fiesta, es Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, Sartre, Steinbeck, William Faulkner, Erskine Caldwell. París es Shakespeare&co y el sueño de cualquier escritor, cualquier bohemio (ingenuo) que cree que los sueños pueden hacerse realidad. Porque vivimos de tópicos para luchar por utopías. También lo hace Gil, el protagonista de la película, un joven escritor que viaja a París por asuntos de trabajo de sus suegros. Interpretado por Owen Wilson, el personaje se convierte en un Woody Allen en miniatura, en un soñador empedernido, un escritor que anhela los consejos del pasado, de sus ídolos. Él es sólo uno más, uno más entre nosotros, que soñamos con ellos.

Sales del cine con los ojos abiertos, brillantes. Porque ahora sabes que, más que nunca, puedes luchar por los sueños. Sabes que si la lluvia te moja es porque estás vivo y ahora, más que nunca, es tiempo de escribir tu historia. Y, como todas, no se escribe con palabras. Sales del cine sabiendo que las ciudades no son como la televisión las muestra. Tampoco como las muestran los libros, las guías de viaje o las personas. Porque son, en realidad, el escenario de esta historia. De todas las historias.

Pero ahora: Felices años 20 que, al fin y al cabo, sólo nosotros somos dueños de nuestro propio tiempo (y de los sueños, a veces)

Anuncios

Una respuesta a “En París (no importa cuándo)

  1. “Y de los sueños, a veces”. Me han encantado esos últimos versos.
    Una semana más, sigo teniendo pendiente la última de Allen.
    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s