Archivo de la categoría: Conociendo (persona[je]s)

Las palomitas de la Sinde

Los cines están vacíos. Están vacíos porque las descargas ilegales no sólo son apetitosas para los jóvenes, también lo son para niños y adultos, que quieren ahorrarse el dinero del cine cuando quieren ver una película. Eso se piensa. O mejor: eso piensa la ministra Sinde. Y debe ser que, para ella, el cine es gratuíto. Sin embargo, el resto de mortales (todos, los que descargan o no películas, los jóvenes, los mayores, los niños) tienen que ir al cine pagando. Pagando más de siete euros. Pero, ¿sabes, Sinde? A mi me gusta el cine. Me gustan las películas buenas y me gusta ver las malas para decir ‘dios mío, es malísima’ porque no puedo decirlo sin verla. Y me gasto ocho euros. Y ya me quedo tranquila, pensando que es malísima y que esa noche, mejor no cenar. Tiene razón, ministra. Pero he encontrado la otra opción: la de decir ‘dios mío, es malísima’ sin tener que gastarme ese dinero y después, cenar. Porque usted no tiene quince años ni veinte ni treinta y no sabe (entre otras muchas cosas) que con el dinero que cuesta ver una película en el cine para decir ‘es malísima’, nosotros, los jóvenes, sabemos encontrar cualquier bar de tapas y cenar.

También hay ventajas en que seamos nosotros los que pagamos: buscamos ahorrar. No tan fácil los tienen los padres, ministra, ¿es usted madre? ¿o tía? ¿Ha llevado alguna vez a niños al cine? Ellos piden palomitas. Los niños, cuando les niegas algo: gritan, lloran, patalean. Y si te gastas quince, veinte euros en llevarlo al cine para que pase 120 minutos llorando, te rindes a sus peticiones. Y compras palomitas. ‘Un menú de palomitas y bebida, por favor’ ‘Son 7’90’. Y ese día, tampoco se cena. ¿Usted no come palomitas?

Pero la culpa la tienen las descargas. Las descargas que son gratis, que te permiten ver una película en tu casa, comiendo palomitas y cenando por ¿4 euros?. Películas que su nivel de ingresos se basa en subvenciones. Subvenciones que duplican o triplican los ingresos por la venta de entradas.

¿Sabe, Sinde? A nosotros nos gustaba el cine.

Anuncios

Poesía

La incapacidad de definir poesía
echar de menos
reconstruir la historia en 27 versos
sin rima para
desafiar el orden establecido
me pisa, respiro, gritamos.
Como si fuésemos capaces de jugar
a ser héroes, escritores, periodistas.
Hemos vuelto a equivocarnos.
Ahora, sal de aquí, despacio
que nadie vea
que has destrozado el sentido real
de todos los sentidos de la palabra
poesía.

 

En París (no importa cuándo)

Hay películas que entretienen; películas que enseñan y, otras, que no sirven para nada. Pero hay más: hay películas que te muestran la realidad, que te hacen soñar. Una realidad inventada que Woody Allen ha sabido conseguir esta vez (¿otra vez?) en Medianoche en París. Estamos cansados de tópicos, de Tours Eiffel de metal y de llaveros y monaslisas y Louvres en miniatura, de cristal de bohème. Sí. Un día imaginábamos París con Mickey y los personajes Disney. Crecíamos y lo imaginábamos con Phileas Fogg. Para acabar imaginando el París de la Maga. Imaginar a la Maga, la rue Cherche-Midi y Oliveira que puede aparecer. A este París, a este último París se refiere Allen. Con la capacidad de hacernos ver que todas las ciudades son más bonitas con lluvia. Y es cierto que la lluvia de París solo moja la superficie, solo refresca. La medida justa de romanticismo para no caer en un tópico pero para serlo. París es magia. París no es Torre Eiffel, Campos Elíseos, Louvre y Arco del Triunfo. París es una fiesta, es Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, Sartre, Steinbeck, William Faulkner, Erskine Caldwell. París es Shakespeare&co y el sueño de cualquier escritor, cualquier bohemio (ingenuo) que cree que los sueños pueden hacerse realidad. Porque vivimos de tópicos para luchar por utopías. También lo hace Gil, el protagonista de la película, un joven escritor que viaja a París por asuntos de trabajo de sus suegros. Interpretado por Owen Wilson, el personaje se convierte en un Woody Allen en miniatura, en un soñador empedernido, un escritor que anhela los consejos del pasado, de sus ídolos. Él es sólo uno más, uno más entre nosotros, que soñamos con ellos.

Sales del cine con los ojos abiertos, brillantes. Porque ahora sabes que, más que nunca, puedes luchar por los sueños. Sabes que si la lluvia te moja es porque estás vivo y ahora, más que nunca, es tiempo de escribir tu historia. Y, como todas, no se escribe con palabras. Sales del cine sabiendo que las ciudades no son como la televisión las muestra. Tampoco como las muestran los libros, las guías de viaje o las personas. Porque son, en realidad, el escenario de esta historia. De todas las historias.

Pero ahora: Felices años 20 que, al fin y al cabo, sólo nosotros somos dueños de nuestro propio tiempo (y de los sueños, a veces)

Presentación de la asociación cultural “Colectivo Mononcle” en la Feria del Libro de Málaga

Nace en Málaga el colectivo “Mononcle”, asociación juvenil sin ánimo de lucro pero con ánimo de culto, que con objeto de difundir la cultura en todas sus facetas –con especial énfasis en la literatura- apuesta por promover la creación juvenil, entendiendo el arte y su difusión como una realidad necesaria en tiempos difíciles para la cultura. Así, el colectivo “Mononcle” pretende ser un motor de acción al servicio del arte, que interrogue a la cultura para encontrarse solo en ella y que inspire en la lucidez de la búsqueda de un escenario alternativo para aspirar en la metáfora, trazando sus propias coordenadas mediante el intercambio y el desarrollo de experiencias culturales.

Por ello, el próximo viernes 10 de junio a las 21:00 h. presentaremos nuestra formación en la Feria del libro de Málaga. El acto, llamado “Fallo y un desierto” se desarrollará en el edificio del Rectorado de la Universidad (Av. Cervantes, 2), donde se llevará a cabo una lectura de poemas y otras creaciones llevadas a cabo por miembros del colectivo, actuación musical en acústico, sesión fotográfica y un breve coloquio con jóvenes escritores bajo el título de “Crear es (des) crecer”. Además contaremos con la actuación del grupo teatral La Caldera, que interpretará “Rayuela: capítulo 28”.

El acto, pretende combinar poesía, música, teatro y fotografía para reivindicar, como objetivo de nuestra asociación, el arte en todas sus vertientes, la creación joven y su difusión.

                                              Asociación cultural “Colectivo Mononcle”

41ª Feria del Libro Málaga

A veces perdemos la esperanza. O casi siempre. “Porque la poesía no va a darte de comer” pero tampoco las personas. Sin embargo, éstas, nos mantienen vivos. También la literatura. O las palabras, sueltas, sin que te las esperes, sin saber por qué llegan pero sabiendo que llegan. Entonces alguien te habla de ellas. Y sabes que sí, que las palabras forman a las personas, que las personas somos palabras. Que somos el presente de la historia. Una historia que conocemos porque sabemos leer. Porque, en resumidas cuentas, leer nos ha hecho ser nosotros. Pero se nos olvida. Lo olvidamos y creemos que todos han olvidado la historia. Dejamos de creer que alguien sueña con viajar a París con la Maga. Y perdemos la esperanza. Creer también nos mantiene vivos. Soñar nos hace construir lo de mañana, como si en cada paso intentásemos cumplir un sueño y nos equivocásemos, dando pasos erróneos, cumpliendo otros que no sabemos. Porque, como dijo Barrie, “no sé si alguna vez habéis visto el mapa e la mente de una persona. Tiene líneas en zigzag como las oscilaciones de la temperatura en un gráfico cuando tenéis fiebre y que probablemente son los caminos de la isla, pues el País de Nunca Jamás es siempre una isla, más o menos, con asombrosas pinceladas de color aquí y allá, con arrecifes de coral y embarcaciones de aspecto veloz en alta mar, con salvajes y guaridas solitarias y gnomos que en su mayoría río, príncipes con seis hermanos mayores, una choza que se descompone rápidamente y una señora muy bajita y anciana con la nariz ganchuda. Si eso fuera todo sería un mapa sencillo, pero también está el primer día de escuela, la religión, los padres, el estanque redondo, la costura, asesinatos, ejecuciones, verbos que rigen dativo, el día de comer pastel de chocolate, ponerse tirantes, dime la tabla del nueve, tres peniques por arrancarse un diente uno mismo y muchas cosas más que son parte de la isla o, si no, constituyen otro mapa que se transparenta a través del primero y todo ello es bastante confuso, sobre todo porque nada se está quieto” Como es lógico, los Países del Nunca jamás son muy distintos. Y es ese país la mejor comparación con un libro. Porque no dejamos de seis, siete años con el barco de vapor, de tener once, doce, trece años si (re)leemos libros de aventuras. Pero eso, a veces, se nos olvida. Y mueren las hadas (decía Peter) y Alicia se esconde en el espejo, castigada sin comer galletas, sin tiempo, sin cartas en laberintos. Otras veces, sin embargo, alguien llega y nos lo recuerda: nos recuerda que la literatura de siempre está viva, que ahí fuera sigue habiendo libros, que Borges está aquí, también Cortázar, Zweig, Sabato, Kafka, Tolstoi, Chesterton y el mismo Barrie. Todos y muchos más viven contigo pero no los ves. Hoy, se hacen visibles. Hoy vamos a equivocarnos diciendo que empieza una semana que debería ser cada semana. Bienvenidos a la semana del libro en Málaga, a la 41ª Feria del Libro de Málaga.

Ah, ¿pero hay elecciones?

Los políticos han invadido el timeline. También las farolas, las paradas de autobús, el portal de casa, la televisión, la radio. Es una pesadilla. Una pesadilla parecida a los cuatro clásicos infinitos, a las portadas Real Madrid-Barça. Una pesadilla que se mezcla con las personas que se quejan de las elecciones. En definitiva, todos hablan de ellas. Y el verano empieza a notarse y despiertas, un sábado queriendo disfrutar del sol y te resistes a abrir el periódico, pero lo abres y “vaya, ¡ya me han estropeado el día!”.

Pero existe otro universo. Hace poco descubrí que existía. Vivimos en un mundo donde es prácticamente imposible no saber que Málaga (y cualquier ciudad) está politizada, buscando votos, estrategias, buscando mentiras piadosas y convencer. Pero no es imposible. Alguna puerta a otra dimensión ha debido llevar a algunos jóvenes a un mundo donde las elecciones no existen. Hablando con varios habitantes de ese otro universo descubrí que es verdad, que se puede vivir al margen. A la pregunta de si sabía a quién votaría, una alumna de la UMA de diecinueve años, contestó: “¿votar qué? ¿hay elecciones? no lo sabía”. Entonces, un segundo, la admiré. Y pensé que sus sábados no estaban manchados de realidad política. Ni sus calles llenas de carteles. Y en su televisión sólo salen dibujos animados y series españolas con sexo y drogas (ni siquiera rock’n’roll). Un minuto después, sin embargo, sentí lástima. Me dio pena la ignorancia. Me lamenté de que una persona que estudia 2º de carrera (y aprueba) no supiese siquiera que hay que votar. Quizás es eso, que existe otro mundo. Porque seguí conociendo a habitantes de esa galaxianopolitizada. Y encontré respuestas que hicieron que siguiese cultivando esa lástima. Respuestas como “No lo sé, votaré a quien me digan mis padres”, “No sé quién se presenta pero ya lo veré cuando tenga que votar”, “Pues supongo que a X partido, porque lo voto siempre”. Y salí corriendo. Salí corriendo de ese universo rosa con arcoíris y girasoles. Porque me da miedo la ignorancia y el engaño. Porque los políticos mienten pero sus mentiras no son comparables con la mentira de todos estos habitantes que creen vivir en otro lugar. Y viven aquí. Su mundo es parte del nuestro y no les importa. Y no saben qué está pasando ni qué pasará. Pero lo peor: no saben que a ellos afectan todas las decisiones. Por eso huí, por miedo. Por miedo a una juventud que es el futuro y no sabe nada del presente. Pretendemos construir un rascacielos y ni siquiera tenemos los cimientos. Y están de moda los terremotos pero claro, ellos, no lo saben.

Libros de supermercado

En todos los supermercados hay libros. En casi todos, al menos. Están bien colocados: justo a la entrada, visibles, con portadas de colores y vistosas y carteles amarillos en el techo que anuncian su precio, como si se tratase de algo barato (¿20, 30 euros? Un poco irónico). Si te adentras en el mundo del libro de supermercado, también verás la sección infantil. Porque los niños suelen pedir en todos sitios y las madres, cansadas, compran el libro que quieren para que no las molesten mientras hacen la compra del mes. Así funcionan los supermercados. Pero funcionan sin escrúpulos, vendiendo como importantes libros que no valen nada. Libros con tapas duras, papel y cartón en la portada. Nunca veo libros de bolsillo en las estanterías de los supermercados. Nunca veo libros que no sean best-seller en las estanterías de los supermercados. Entonces paso fuzgamente por su lado y pienso “¿y la culpa de quién es?”. Que los jóvenes tienen algo de culpa, es innegable. Pero hoy vamos a salvarlos, no creo que sean ellos los que, sin más, deban cambiar su parecer ante esto. Somos lo que nos dan. Hasta hoy, somos un producto de la sociedad. Somos la televisión que vemos y los libros que ¿leemos?. Y son los programas de televisión que ponen y estos libros los que nos venden, nos regalan. ¿Por qué el fenómeno Meyer? ¿Por qué el fenómeno Moccia? Cualquier niña de 15 años sabe quiénes son ambos escritores y, sin embargo, no saben quién es Baroja, Clarín, Pérez-Reverte, Borges, Cortázar. Quizás Cervantes, por no ser demasidao inculto. Quizás Vargas Llosa, Ana María Matute, que, a veces, salen en la tele. ¿Y los demás? La literatura hispanoamericana es una de las más ricas tanto en obras como en autores a nivel mundial. Y leemos a Moccia. Y leemos a Dan Brown, que hace un tipo de novela que ya hacían años antes. Pero eso, claro, no podemos saberlo sin investigar dentro de nuestra historia. Una historia que estamos borrando, deshaciendo. “Antes, en el colegio, leíamos a Flaubert, Rabelais” pero ahora todos ellos han pasado a una élite. A que Juan Ramón un día pretendiese escribir para las minorías y ahora, todos, sin saberlo, escriben para esa minoría, sin querer. Porque la mayoría, compra libros en supermercados. Porque la mayoría se ha olvidado de que, en todas las ciudades, hay librerias que no se llaman “fnac” y que tienen un dependiente mayor. Un dependiente que ha vivido con el Ulises de Joyce, con Moby Dick. Un dependiente que ha vivido en El Castillo de Kafka y ha soñado con El Principito, a la vez que llorado con Anna Frank y nos puede contar los cuentos de memoria, sin reeleerlos, sin pensar. Porque las buenas historias se quedan grabadas en nuestra mente pero también en cada molécula de nosotros. Porque soy incapaz de sentirme un vampiro. Y me niego a sentirme una niña pava que se monta en moto con el rebelde de Roma. Sin embargo, siempre estuvo bien jugar a ser Alicia en el país de las maravillas, sentir pena de Lolita, pasar miedo con Stoker, viajar con cada palabra de Verne o entender lo horrible que puede ser el amor, por culpa de Werther (o Goethe).

Pero las niñas de ahora no sueñan que un día venga un príncipe a buscarla. Las niñas de ahora imaginan que vendrá un vampiro y se las llevará en moto. Y todo empezó el día que alguien colocó un libr en una estantería de un supermercado.

¿Cambiamos el mundo? ¿Y si los clásicos llenasen las estanterías?